
The Darkened Nightmare, es un foro de RPG basado en las novelas de la escritora J.K Rowling, creadora del fantástico mundo de Harry Potter.
En esta web se ha recogido la ambientación de las novelas, traspasándola a otro plano y otra historia nueva.
Nos encontramos en el año 2073 y la era pacifista está a punto de terminar.
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"The Darkened Nightmare es una obra privada inspirada en la saga de libros de la escritora J.K. Rowling, Harry Potter. Queda totalmente prohibido la utilización o extracción de cualquier elemento perteneciente a la web."
Hospital San Mungo
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Re: Hospital San Mungo
- Sí, esas manchas de negro... mejor dejarlo estar. ¡No sé quién experimentó mal! :stres: -no dije nada cuando dijo que no era culpa mía, aunque yo no lo veía así. Cuando posó su mano en la mía que tocaba el colgante, la miré, y al escuchar su comentario, miré al frente. Hacía años que no recordaba aquel día. La mañana del 25 de enero del 2009. Aunque ni siquiera tuve que hacer un esfuerzo para recordar. Las imágenes, aunque más lejanas que otras veces, llegaron a mi mente como un soplo de viento.
- Mike llegó a mi casa una mañana para que fuéramos al bosque a pasar el día. Me dijo que tenía una sorpresa para mí -y me toqué el colgante, auqnue bien sabía Lucy ya que el colgante me lo regaló poco tiempo antes del accidente, ese mismo día-. Una vez en el bosque, me regaló el colgante, diciendo que no podía esperar a mi cumpleaños y que quería darmelo en ese instante. Para mi cumpleaños faltaban dos semanas aun. Me lo puse y nos subimos a un árbol arrastrándonos por una rama. Ni siquiera vimos que abajo de esa rama se encontraba a parte del río. Y ese día no hacía buen tiempo que digamos, y había corriente. La rama se rompió con nuestro peso y ambos caímos al agua -me encogí de hombros y la miré-. Yo me agarré a una rama cerca de la orilla y no tuve problema en salir a tierra firme de nuevo, pero Mike no tuvo donde agarrarse. Se lo llevó río abajo. Yo lo seguí corriendo mientras le gritaba que se agarrara a algo. Cuando pudo agarrarse a una rama, yo me introduje en el río. Alargué la mano, pero no no llegaba. Era demasiado pequeño aun. Sabía que tenía que meterme en el río más aun para poder alcanzar su mano, no obstante, era consciente de que si lo hacía me acabaría arrastrando a mí también. Mike vio mis intenciones, ya que pensaba hacerlo, por lo que me gritó que me fuera. Que no lo hiciera y que pidiera ayuda. Yo le hice caso y salí de allí corriendo. Llegué a mi barrio donde corrí a mi casa y llamé a mi padre -al decir eso, me levanté y me apoyé en la pared.
- Guié a mi padre y a mi hermano Sam hasta el lugar, y cuando llegamos, Mike ya había salido por sí solo. En ese momento quise acercarme a él, a abrazarlo y decirle que nos fueramos de allí, que ya había pasado todo, pero no fue así. Mi padre le dijo a mi hermano que me agarrara, y yo no sabía por qué. Mi padre se acercó a Mike, y yo aun no entendía ni por qué Sam me agarraba por la espalda para que no me acercara ni porque Mike no se movía. Nunca olvidaré cuando mi padre miró a Sam de un modo extraño, por lo que Sam intentó sacarme de allí. Llevarme de vuelta a casa, pero no quise. Recuerdo que hasta me dio un puñetazo para que me estuviese quieto y dejara de moverme. Cuando lo consiguió, fue cuando me di cuenta de que Mike había salido de aquel río, sí, pero le había costado la vida. Esa fue la primera vez que alcé mi mano para tocar el colgante que me había regalado, ya que me lo había puesto. Y lo noté caliente. Como si no fuera yo quién lo estuviera tocando. Como si fuera Mike el que estaba con la mano en mi pecho, justo donde se hallaba el dije -y desde entonces, cuando me encontraba en una situación complicada, instintivamente me llevaba mi mano al pecho para tocarme el colgante. De alguna manera siempre supe que tocándome el colgante, Mike acudiría a mí para ayudarme. Miré a Lucy y añadí-. Siempre supe que Mike nunca me había completamente, y que mientras llevara este colgante al cuello -y me lo saqué para mirarlo-, podía estar seguro de que Mike estaba a mi lado -en ese momento noté como el colgante estaba caliente de nuevo, pero no le dije nada a Lucy de aquello. Simplemente me lo coloqué de nuevo.
- Mike llegó a mi casa una mañana para que fuéramos al bosque a pasar el día. Me dijo que tenía una sorpresa para mí -y me toqué el colgante, auqnue bien sabía Lucy ya que el colgante me lo regaló poco tiempo antes del accidente, ese mismo día-. Una vez en el bosque, me regaló el colgante, diciendo que no podía esperar a mi cumpleaños y que quería darmelo en ese instante. Para mi cumpleaños faltaban dos semanas aun. Me lo puse y nos subimos a un árbol arrastrándonos por una rama. Ni siquiera vimos que abajo de esa rama se encontraba a parte del río. Y ese día no hacía buen tiempo que digamos, y había corriente. La rama se rompió con nuestro peso y ambos caímos al agua -me encogí de hombros y la miré-. Yo me agarré a una rama cerca de la orilla y no tuve problema en salir a tierra firme de nuevo, pero Mike no tuvo donde agarrarse. Se lo llevó río abajo. Yo lo seguí corriendo mientras le gritaba que se agarrara a algo. Cuando pudo agarrarse a una rama, yo me introduje en el río. Alargué la mano, pero no no llegaba. Era demasiado pequeño aun. Sabía que tenía que meterme en el río más aun para poder alcanzar su mano, no obstante, era consciente de que si lo hacía me acabaría arrastrando a mí también. Mike vio mis intenciones, ya que pensaba hacerlo, por lo que me gritó que me fuera. Que no lo hiciera y que pidiera ayuda. Yo le hice caso y salí de allí corriendo. Llegué a mi barrio donde corrí a mi casa y llamé a mi padre -al decir eso, me levanté y me apoyé en la pared.
- Guié a mi padre y a mi hermano Sam hasta el lugar, y cuando llegamos, Mike ya había salido por sí solo. En ese momento quise acercarme a él, a abrazarlo y decirle que nos fueramos de allí, que ya había pasado todo, pero no fue así. Mi padre le dijo a mi hermano que me agarrara, y yo no sabía por qué. Mi padre se acercó a Mike, y yo aun no entendía ni por qué Sam me agarraba por la espalda para que no me acercara ni porque Mike no se movía. Nunca olvidaré cuando mi padre miró a Sam de un modo extraño, por lo que Sam intentó sacarme de allí. Llevarme de vuelta a casa, pero no quise. Recuerdo que hasta me dio un puñetazo para que me estuviese quieto y dejara de moverme. Cuando lo consiguió, fue cuando me di cuenta de que Mike había salido de aquel río, sí, pero le había costado la vida. Esa fue la primera vez que alcé mi mano para tocar el colgante que me había regalado, ya que me lo había puesto. Y lo noté caliente. Como si no fuera yo quién lo estuviera tocando. Como si fuera Mike el que estaba con la mano en mi pecho, justo donde se hallaba el dije -y desde entonces, cuando me encontraba en una situación complicada, instintivamente me llevaba mi mano al pecho para tocarme el colgante. De alguna manera siempre supe que tocándome el colgante, Mike acudiría a mí para ayudarme. Miré a Lucy y añadí-. Siempre supe que Mike nunca me había completamente, y que mientras llevara este colgante al cuello -y me lo saqué para mirarlo-, podía estar seguro de que Mike estaba a mi lado -en ese momento noté como el colgante estaba caliente de nuevo, pero no le dije nada a Lucy de aquello. Simplemente me lo coloqué de nuevo.

Freddie T. Highmore- Sanador
- Mensajes: 107
Fecha de inscripción: 25/11/2010
Edad: 29
Localización: En algún lugar del universo
Re: Hospital San Mungo
[i]No hice sonido alguno cuando vi que Freddie se preparaba para contar la historia. Si algo me caracterizaba a mi desde pequeña era el hecho de ser una buena oyente cuando la situación lo exigía. Solo hacía preguntas o comentarios cuando lo eran estrictamente necesarios, y jamás de los jamases interrumpía al hablante. Aquella vez no fue la excepción.
Sentí como si e me hubiese caído una lápida enorme encima cuando dijo aquello del río. Pude ver todas las imágenes nítidas en m mente, como si de una película se tratase. Al pequeño Freddie trepándose por una rama. A Mike, detrás de él, siguiéndole el paso. Cómo se resquebrajaba la rama hasta romperse, y aquello fue como visto en cámara lenta. El corazón me dio un vuelco al escuchar todo lo que vino después.
Imaginé cómo sería el hecho de no poder salir de un rio de corriente tan fuerte. En aquel momento agradecí profundamente a mi madre por todos esos años de obligarme a nadar sin su ayuda, incluso aunque significase eso que se sentara ella a verme ahogarme. Aunque no había servido en su momento, años atrás en aquel baile de primavera con la crecida de Lago, si me había servido tiempos después. Se me llenaron los ojos de lágrimas al imaginar los rostros desesperados de Freddie y su amigo Mike.
Comprendí cuando Freddie me intent´decir que no logaba comprender el asunto, el por qué Mike no se movía. Era entendible. Un shock así, una situación inimaginable como aquella...¿cómo era posible que lo entendiese un chico de apenas diez años. Y más un chico como Freddie, que siempre había sido, al menos desde que le habá conocido yo, un muchacho con tantas ilusiones y sueños como ningún otro. Imaginaba que incluso debió haber tenido más cuando niño. Ahora si, no pude evitar que una lágrima cayera por mi mejilla derecha.
Sus ultimas palabras fueron como lo que hizo que realmente el corazón se me parara durante lo que creí fue casi un minuto. Y no, no eagero, sinoq ue fue algo más o menos literal.Fui conciente de cóo la sangre me bajaba, desde la cabea hasta los pies, concentrándose allí y dejándome fría, helada, vacía. Desprovista de cualquier signo vital que pudiera ser considerado normal. Observé como se colocaba de nuevo el colgante y no me atreví a decirle nada al principio, pero estuve segura, pronto, de que esta vez no iba a poder ponerme a comentar de la ueva puntura de las paredes.
-Él..- comencé a balbucear con la voz medio tomada, por lo que tuve que carraspear a modo de deshacer el nudo tan recientemente formado. -. Él sigue contigo, Freddie. Nunca se ha ido. Porque quienes mueren nunca nos abandonan realmente. Y mucho menos los niños. - y aquello lo dije también por Bertie. Por si llegaba a suceder lo peor. Por si llegaba la parca a tocar el timbre de su puerta y que el chico, a ciegas con la inocencia del niño de caatorce años que era, abría la puerta. -Los niños se van al cielo a contar estrellas y a jugar con la luna. A ser parte de las constelaciones para que podamos verlos siempre. - esbocé una sonrisita un poco melancólica, pero era sincera. Otras dos lágrimas resbalaron por mi mejilla al repetir, -Los niños no mueren.-.
Y había que mantenerlos vivos en la memoria de cada quien. Para que se fueran a las estrellas con una sonrisa en el rostro, como siempre lucían. Para que nos saludasen con a manita cada vez que mirásemos al cielo. Porque era esa la razón de que la estrela estuviese un día más brillante que otro. Porque el brillo de las estrellas significaba la sonrisa de uno de esos niños, que a todos alegra incluso en los momentos más tristes de uno. Que nos arranca a todos una sonrisa por la inocencia de la felicidad infantil. Inocente, si. Pero la felicidad más hermosa que uno tiene en su vida, y que arrastra hasta la muerte si ésta se presenta.
Sentí como si e me hubiese caído una lápida enorme encima cuando dijo aquello del río. Pude ver todas las imágenes nítidas en m mente, como si de una película se tratase. Al pequeño Freddie trepándose por una rama. A Mike, detrás de él, siguiéndole el paso. Cómo se resquebrajaba la rama hasta romperse, y aquello fue como visto en cámara lenta. El corazón me dio un vuelco al escuchar todo lo que vino después.
Imaginé cómo sería el hecho de no poder salir de un rio de corriente tan fuerte. En aquel momento agradecí profundamente a mi madre por todos esos años de obligarme a nadar sin su ayuda, incluso aunque significase eso que se sentara ella a verme ahogarme. Aunque no había servido en su momento, años atrás en aquel baile de primavera con la crecida de Lago, si me había servido tiempos después. Se me llenaron los ojos de lágrimas al imaginar los rostros desesperados de Freddie y su amigo Mike.
Comprendí cuando Freddie me intent´decir que no logaba comprender el asunto, el por qué Mike no se movía. Era entendible. Un shock así, una situación inimaginable como aquella...¿cómo era posible que lo entendiese un chico de apenas diez años. Y más un chico como Freddie, que siempre había sido, al menos desde que le habá conocido yo, un muchacho con tantas ilusiones y sueños como ningún otro. Imaginaba que incluso debió haber tenido más cuando niño. Ahora si, no pude evitar que una lágrima cayera por mi mejilla derecha.
Sus ultimas palabras fueron como lo que hizo que realmente el corazón se me parara durante lo que creí fue casi un minuto. Y no, no eagero, sinoq ue fue algo más o menos literal.Fui conciente de cóo la sangre me bajaba, desde la cabea hasta los pies, concentrándose allí y dejándome fría, helada, vacía. Desprovista de cualquier signo vital que pudiera ser considerado normal. Observé como se colocaba de nuevo el colgante y no me atreví a decirle nada al principio, pero estuve segura, pronto, de que esta vez no iba a poder ponerme a comentar de la ueva puntura de las paredes.
-Él..- comencé a balbucear con la voz medio tomada, por lo que tuve que carraspear a modo de deshacer el nudo tan recientemente formado. -. Él sigue contigo, Freddie. Nunca se ha ido. Porque quienes mueren nunca nos abandonan realmente. Y mucho menos los niños. - y aquello lo dije también por Bertie. Por si llegaba a suceder lo peor. Por si llegaba la parca a tocar el timbre de su puerta y que el chico, a ciegas con la inocencia del niño de caatorce años que era, abría la puerta. -Los niños se van al cielo a contar estrellas y a jugar con la luna. A ser parte de las constelaciones para que podamos verlos siempre. - esbocé una sonrisita un poco melancólica, pero era sincera. Otras dos lágrimas resbalaron por mi mejilla al repetir, -Los niños no mueren.-.
Y había que mantenerlos vivos en la memoria de cada quien. Para que se fueran a las estrellas con una sonrisa en el rostro, como siempre lucían. Para que nos saludasen con a manita cada vez que mirásemos al cielo. Porque era esa la razón de que la estrela estuviese un día más brillante que otro. Porque el brillo de las estrellas significaba la sonrisa de uno de esos niños, que a todos alegra incluso en los momentos más tristes de uno. Que nos arranca a todos una sonrisa por la inocencia de la felicidad infantil. Inocente, si. Pero la felicidad más hermosa que uno tiene en su vida, y que arrastra hasta la muerte si ésta se presenta.

Lucy L. Robinson- Elaboradora de Pociones
- Mensajes: 312
Fecha de inscripción: 20/11/2010
Re: Hospital San Mungo
Bien sabía yo que Mike nunca se había ido del todo. Lo supe desde aquella mañana en el bosque. Siempre que llevara el colgante encima lo tendría a él.
- ¿Sabes? -le dije a Lucy mientras me acercaba a ella y me sentaba de nuevo a su lado-. Muchas veces por la noche miro las estrellas, y cuando veo que una brilla más que otra, y esto lo pienso desde que era pequeño, siento que es Mike, que me mira. Mike sigue siendo mi amigo, aunque no lo tenga presente -los niños no mueren. Y Lucy tenía toda la razón del mundo. Me quedé callado unos instantes hasta que los pasos apresurados de alguien hizo que me levantara rápidamente y mirara hacia la puerta de San Mungo. Era mi madre, y estaba seria. Algo malo había pasado. Lo notaba en sus ojos.
- Freddie, ha muerto... -y no. No pude ni decir palabra alguna. No tenía respuesta para aquello.
- ¿Sabes? -le dije a Lucy mientras me acercaba a ella y me sentaba de nuevo a su lado-. Muchas veces por la noche miro las estrellas, y cuando veo que una brilla más que otra, y esto lo pienso desde que era pequeño, siento que es Mike, que me mira. Mike sigue siendo mi amigo, aunque no lo tenga presente -los niños no mueren. Y Lucy tenía toda la razón del mundo. Me quedé callado unos instantes hasta que los pasos apresurados de alguien hizo que me levantara rápidamente y mirara hacia la puerta de San Mungo. Era mi madre, y estaba seria. Algo malo había pasado. Lo notaba en sus ojos.
- Freddie, ha muerto... -y no. No pude ni decir palabra alguna. No tenía respuesta para aquello.

Freddie T. Highmore- Sanador
- Mensajes: 107
Fecha de inscripción: 25/11/2010
Edad: 29
Localización: En algún lugar del universo
Re: Hospital San Mungo
[i]Sonreí al ver como redd volvía a sentarse y me sentí un poco más aliviada al ver como hablaba como con normalidad y reconociendo la verdad de mis palabras de un modo indirecto. Asentí, también ás tranqiia al ver que también creía en eso de las estrellas. No dudaba que Freddie, al mirar al cielo, pudiera ver a Mike all´con él. Sin duda.
-Siempre estará ahí contigo- dije mientras le pasaba un brazo por los hombros y e daba un apretón amistoso para que supiera que lo apoyaba en el asunto...pero entonces volvió a ponerse de pie para ir hasta la puerta, pues su madre se apresuraba también a salir y encontrarle. Me puse de pie no tan apresurada, sino un poco más lento...y pude ver en los ojos de la señora Highmore lo que habá sucedido antes de que pronunciara aquellas palabras definitorias.
No pude articular palabra yo tampoco. Nuevamente me senría vacía de sangre, aunque el corazón me latía a mil por hora. Intentaba asimilar la noticia, sin éxito. No bstante, en mi garganta se acababa de formar un nudo tan fuerte que estuve segura que ni todos los carraspeos del mundo podrían cnseguir desatar. Lo único que pude hacer, que fue más o menos como por un acto reflejo, le tomé la mano a Fredd y le di un apretón la mar de fuerte. Para que supiera que no iba a irme de ahí, menos en ese instante. Que supiera que tenía un hombro paraa llorar si lo necesitaba. Que , por más que nunca llegara a sentir tanto dolor como él, la noticia también era para mi devastadora.
Bertie está muerto. Las palabras no coexistían correctamente en mi cabea en una misma oración. Demasiado para ser cierto. Demasiado horrible como para ser considerado siquiera una posibilidad de la vida.
-Siempre estará ahí contigo- dije mientras le pasaba un brazo por los hombros y e daba un apretón amistoso para que supiera que lo apoyaba en el asunto...pero entonces volvió a ponerse de pie para ir hasta la puerta, pues su madre se apresuraba también a salir y encontrarle. Me puse de pie no tan apresurada, sino un poco más lento...y pude ver en los ojos de la señora Highmore lo que habá sucedido antes de que pronunciara aquellas palabras definitorias.
No pude articular palabra yo tampoco. Nuevamente me senría vacía de sangre, aunque el corazón me latía a mil por hora. Intentaba asimilar la noticia, sin éxito. No bstante, en mi garganta se acababa de formar un nudo tan fuerte que estuve segura que ni todos los carraspeos del mundo podrían cnseguir desatar. Lo único que pude hacer, que fue más o menos como por un acto reflejo, le tomé la mano a Fredd y le di un apretón la mar de fuerte. Para que supiera que no iba a irme de ahí, menos en ese instante. Que supiera que tenía un hombro paraa llorar si lo necesitaba. Que , por más que nunca llegara a sentir tanto dolor como él, la noticia también era para mi devastadora.
Bertie está muerto. Las palabras no coexistían correctamente en mi cabea en una misma oración. Demasiado para ser cierto. Demasiado horrible como para ser considerado siquiera una posibilidad de la vida.

Lucy L. Robinson- Elaboradora de Pociones
- Mensajes: 312
Fecha de inscripción: 20/11/2010
Re: Hospital San Mungo
Noté como Lucy me apretaba la mano, pero ni cuenta me di de eso. En ese instante yo estaba en shock. No asimilaba absolutamente nada. Solo quería despertar de aquella pesadilla, pero muy en el fondo sabía que no. Que no era un sueño, sino una pesadilla real. Muy real, y que estaba ocurriendo en ese mismo instante. Bertie había muerto, y no era capaz de asimilar eso. No podía aceptarlo así como así. ¡Era imposible!
- ¡Freddie! -aquella exclamación de mi madre hizo despertarme de mis pensamientos, aunque aun permanecía en shock-. La abuela. Me acaba de llamar tu hermana por teléfono. Está con Sam y... fueron a su casa para dejarle a los niños, pero...
Aquello, aunque me dolía, podía asimilarlo un poco más. Bertie estaba vivo Sentía como me iba a desmayar de un momento a otro, pero hice el esfuerzo para pronunciar palabra.
- ¿C-como fue? -le pregunté a mi madre un tanto shockeado por todo lo que había pasado en tan solo un minuto.
- Al parecer no se despertó de la siesta. Murió mientras dormía -en ese momento, mi padre apareció por detrás pasándole un brazo por el hombro de mi madre, que al fin y al cabo, mi abuela era la madre de mi madre-. Vamos a ir para allá, Fred, para no dejar a tus hermanos solos. Quedate con Bert.
Mis padres se fueron, pero no sabía como asimilar aquello. De pronto se me vino a la mente el día en que recibí la carta de Hogwarts, cuando mi abuela se presentó en mi casa de improviso a darme la enorabuena. "Eres el nuevo mago de la familia" me dijo, y yo, claro está, no entendía nada. Después de que esa imagen se esfumara de mi cabeza, solo quería ver a Bertie. Ver que estaba vivo. Bertie era fuerte. Lo acababa de demostrar sin haber hecho nada. Miré a Lucy y le indiqué que subieramos arriba para verlo. Y así fue. De la mano de Lucy, me introduje en el hospital para subir a la habitación.
- ¡Freddie! -aquella exclamación de mi madre hizo despertarme de mis pensamientos, aunque aun permanecía en shock-. La abuela. Me acaba de llamar tu hermana por teléfono. Está con Sam y... fueron a su casa para dejarle a los niños, pero...
Aquello, aunque me dolía, podía asimilarlo un poco más. Bertie estaba vivo Sentía como me iba a desmayar de un momento a otro, pero hice el esfuerzo para pronunciar palabra.
- ¿C-como fue? -le pregunté a mi madre un tanto shockeado por todo lo que había pasado en tan solo un minuto.
- Al parecer no se despertó de la siesta. Murió mientras dormía -en ese momento, mi padre apareció por detrás pasándole un brazo por el hombro de mi madre, que al fin y al cabo, mi abuela era la madre de mi madre-. Vamos a ir para allá, Fred, para no dejar a tus hermanos solos. Quedate con Bert.
Mis padres se fueron, pero no sabía como asimilar aquello. De pronto se me vino a la mente el día en que recibí la carta de Hogwarts, cuando mi abuela se presentó en mi casa de improviso a darme la enorabuena. "Eres el nuevo mago de la familia" me dijo, y yo, claro está, no entendía nada. Después de que esa imagen se esfumara de mi cabeza, solo quería ver a Bertie. Ver que estaba vivo. Bertie era fuerte. Lo acababa de demostrar sin haber hecho nada. Miré a Lucy y le indiqué que subieramos arriba para verlo. Y así fue. De la mano de Lucy, me introduje en el hospital para subir a la habitación.

Freddie T. Highmore- Sanador
- Mensajes: 107
Fecha de inscripción: 25/11/2010
Edad: 29
Localización: En algún lugar del universo
Re: Hospital San Mungo
[i]No escuché las palabras de la madre de Freddie hacia su hijo, y casi ni me percaté de la llegada del padre del susodicho. Algo malo había sucedido también, pero de momento mi mente también estaba en otro sitio.
Seguía repitiéndome todo una y otra vez en mi cabeza. Bertie...muerto. Eso no podía ser posible realmente. Y pensar...que aquella misma tarde habíale yo saudado apenas de lejos. "Pásatelo bien, Bertie", había sido lo único que e había dicho. Y claro, lo bien que se lo había pasado ;___; ¡De haber sabido el desenlace de todo, no habría sido tan distante! Y ahora que me daban unas ganas enormes de darle un abrazo a ese pequeño amante de extraterrestres...y ya no podría volver a hacerlo nunca.
Yo sintiéndome así y ni siquoera quería saber cómo se estarían sintiendo los padres y la familia de Fredd. Me atreví a alzar la vista hacia mi amigo pro justo en ese momento comenz´a tirar de mi hasta las escaleras luego de haberme dirigido una mirada. Temblaba, no había duda de eso, pero hice un esfuerzo subnormal por mantenerme de una pieza, puesto que no era justo para Freddie que yo me pusiera a llorar o algo por el etilo cuando era su hermano el que realente estaba...bueno, el que no podía estar muerto.
Seguía repitiéndome todo una y otra vez en mi cabeza. Bertie...muerto. Eso no podía ser posible realmente. Y pensar...que aquella misma tarde habíale yo saudado apenas de lejos. "Pásatelo bien, Bertie", había sido lo único que e había dicho. Y claro, lo bien que se lo había pasado ;___; ¡De haber sabido el desenlace de todo, no habría sido tan distante! Y ahora que me daban unas ganas enormes de darle un abrazo a ese pequeño amante de extraterrestres...y ya no podría volver a hacerlo nunca.
Yo sintiéndome así y ni siquoera quería saber cómo se estarían sintiendo los padres y la familia de Fredd. Me atreví a alzar la vista hacia mi amigo pro justo en ese momento comenz´a tirar de mi hasta las escaleras luego de haberme dirigido una mirada. Temblaba, no había duda de eso, pero hice un esfuerzo subnormal por mantenerme de una pieza, puesto que no era justo para Freddie que yo me pusiera a llorar o algo por el etilo cuando era su hermano el que realente estaba...bueno, el que no podía estar muerto.

Lucy L. Robinson- Elaboradora de Pociones
- Mensajes: 312
Fecha de inscripción: 20/11/2010
Re: Hospital San Mungo
Guié a Lucy hasta la habitación donde se encontraba Bertie, por lo que la abrí y me adentré en ella, soltando la mano de Lucy al instante y dirigirme a la cama de Bert, donde se encontraba aun sin despertar. Por lo menos respiraba, que era lo importante. Me agaché a su lado y me cogí una mano, la cual estaba inerte, pero caliente, y me quedé mirándole a los ojos, aunque los tenía cerrados. Ahora en ese momento, lo que más deseaba en el mundo era que Bertie despertara. Pero misteriosamente sentí un apretón de mano. Al principio creí que solo había sido mi imaginación, pero no. Sentí un segundo apretón por parte de la mano de Bertie. ¡Estaba despertando!
- ¡Bertie! -exclamé para ver si conseguía abrir los ojos-. ¡Bert! -a lo cual respondió abriéndolos lentamente. Vi como me miraba directamente a los ojos, y con voz apagada comenzó a decir algo.
- C-creo que los extraterrestres tomaron el control de mi cuerpo. Os he fallado... -y sin poder hacer o decir más, me acerqué a él y lo abracé con fuerzas.
- ¡Bertie! -exclamé para ver si conseguía abrir los ojos-. ¡Bert! -a lo cual respondió abriéndolos lentamente. Vi como me miraba directamente a los ojos, y con voz apagada comenzó a decir algo.
- C-creo que los extraterrestres tomaron el control de mi cuerpo. Os he fallado... -y sin poder hacer o decir más, me acerqué a él y lo abracé con fuerzas.

Freddie T. Highmore- Sanador
- Mensajes: 107
Fecha de inscripción: 25/11/2010
Edad: 29
Localización: En algún lugar del universo
Re: Hospital San Mungo
[i]Ni bien llegamos hasta la habitaciòn de Bertie, Fredd se eolt+o de mi mano y fue corriendo hasta donde su hermano se encontraba, inerte, en su cama. No me acerquè, puesto que aquel era un momento de hermanos en el cual yo no debìa entrometerme. Permanecì, por ende, paoyada en la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho, mas el izquierdo medio levantado, cubrièndome la boca con la mano para evitar que de ella salieran sollozos. La escena me conmovìa en grado sumo.
Me mantuve un poco màs alerta cuando Freddie comenzò a exclamar el nombre de Bertie. Jo, ya se estaba desesperando y todo. Y razòn tenìa, claro. Las làgrimas que resbañaban por mi mejilla aumentaron en cantidad, pero eso no fue nada comparado con cuando Bertie abriò un poquito sus pequeños ojso de niño y dijo aauellas cositas. Que eran cositas infantiles, pero el hecho de escucharlo hablar asì, ademàs de la forma en la que Freddie abrazó a Bertie...
Yo me habìa jurado que había muerto. Que Freddie había perdido a su hermano. Que ya no podría escucharle decir "el otro día Bertie dijo" o algo por el estilo. Que ya iba a tener que ir yo con la noticia a Connor de que su mejor amigo se había muerto y tal. Y así sin más, Bertie había abierto los ojos y había dado señales de vida...Vale, yo ya pronto inundaría la sala del hospital
Me mantuve un poco màs alerta cuando Freddie comenzò a exclamar el nombre de Bertie. Jo, ya se estaba desesperando y todo. Y razòn tenìa, claro. Las làgrimas que resbañaban por mi mejilla aumentaron en cantidad, pero eso no fue nada comparado con cuando Bertie abriò un poquito sus pequeños ojso de niño y dijo aauellas cositas. Que eran cositas infantiles, pero el hecho de escucharlo hablar asì, ademàs de la forma en la que Freddie abrazó a Bertie...
Yo me habìa jurado que había muerto. Que Freddie había perdido a su hermano. Que ya no podría escucharle decir "el otro día Bertie dijo" o algo por el estilo. Que ya iba a tener que ir yo con la noticia a Connor de que su mejor amigo se había muerto y tal. Y así sin más, Bertie había abierto los ojos y había dado señales de vida...Vale, yo ya pronto inundaría la sala del hospital

Lucy L. Robinson- Elaboradora de Pociones
- Mensajes: 312
Fecha de inscripción: 20/11/2010
Re: Hospital San Mungo
Freddie había abrazado a Bertie con todas sus fuerzas, de manera que casi lo ahogaba. Aunque Bertie no recordara nada de lo sucedido, le dolía bastante todo el cuerpo. Y más aun con el abrazo.
- Freddie... -cuando Freddie lo soltó, Bertie ni siquiera se incorporó. Simplemente se le quedó mirándolo, y luego a Lucy. No sabía donde estaba ni lo que había pasado. Solo había visto algo. Recordaba solo una imagen-. Freddie... -dijo hablando lentamente, pues su estado no le daba para hablar ni más rápido ni más alto-. ¿Y la abuela? La he visto. Se estaba despidiendo de mi.
Claro que solo era un sueño, pero a lo mejor no había sido un sueño y realmente la abuela había estado en aquel lugar donde se encontraba con Freddie y Lucy, y a lo mejor se había despedido porque tenía que hacer un viaje o algo, y regresaría a la semana siguiente. A saber...
- Freddie... -cuando Freddie lo soltó, Bertie ni siquiera se incorporó. Simplemente se le quedó mirándolo, y luego a Lucy. No sabía donde estaba ni lo que había pasado. Solo había visto algo. Recordaba solo una imagen-. Freddie... -dijo hablando lentamente, pues su estado no le daba para hablar ni más rápido ni más alto-. ¿Y la abuela? La he visto. Se estaba despidiendo de mi.
Claro que solo era un sueño, pero a lo mejor no había sido un sueño y realmente la abuela había estado en aquel lugar donde se encontraba con Freddie y Lucy, y a lo mejor se había despedido porque tenía que hacer un viaje o algo, y regresaría a la semana siguiente. A saber...
Bertie N. Highmore- Alumno de 4º
- Mensajes: 100
Fecha de inscripción: 21/11/2010
Edad: 15
Localización: Soy un Dios perdido por el mundo. A saber donde puedo estar hoy...
Re: Hospital San Mungo
Noté como le hacía daño, por lo que decidí separarme de mi hermano, pero no por eso dejaba de mirarle. El hecho de que Bertie estuviera vivo había sido el hecho más feliz en mucho tiempo. Aunque cuando me preguntó por la abuela, casi agarro un paro en ese momento. Miré a Lucy para que me ayudara o algo, ya que esa situación era un poco complicada. Luego miré a Bertie y le cogí su mano.
- Bertie... pues... La abuela no... -¿cómo se lo decía? :stres:
- Bertie... pues... La abuela no... -¿cómo se lo decía? :stres:

Freddie T. Highmore- Sanador
- Mensajes: 107
Fecha de inscripción: 25/11/2010
Edad: 29
Localización: En algún lugar del universo
Re: Hospital San Mungo
Me sequé las lágrimas con la manga de la chaqueta y cuando vi que Bertie se percataba de mi presencia le guiñè un ojo e hice un pequeño saludo con la manita. Estaba bien. Podía hablar y profetizar la llegada de extraterrestres y todo *O* Estaba tan Bertie como siempre
Pero me quedé de piedra cuando dijo lo de que había visto a su abuela. Su abuela estaba...muerta. Y si le había dicho adiós...¡Oh, por Salazar! Me cubrí la boca con las manos, pues me parecía una situación bastante fea. Por no decir horrible. Observé entonces como Freddie me miraba como buscando ayuda y me mordí el labio inferior con tal fuerza que estuvo a punto de abrirse un tajo.
Me descubrí la boca con la mino y caminé hasta donde estaba Bertie con la camilla y me arrodillé al lado de la misma y primero sonreí al chico.
-¿Cómo te sientes, Bert? ¿Te duele mucho?- pregunté primero, pues no iba a ir en plan de decirle todo de sopetón como si lo único que me preocupase era eso. Cuando me hubo respondido me aclaré la garganta y me pasé una mano por la nuca en un gesto de nerviosismo mientras tragaba saliva. Bien, y ahora a decirle. - Lo de la abuela pues...Bertie, sabes que a veces cuando la persona tiene mucha edad...no es muy fácil para la persona hacer todo, ¿no? Que le cuesta moverse o caminar, o tiene muchos dolores...- no sabía bien cual era el caso de la abuela de los Highmore, por lo que eché una mirada a Freddie por el rabillo del ojo para que me detuviera si estaba haciendo als cosas mal- Y a veces es mejor que...- tragué saliva y extendí mi mano a tocar la suya que tenía libre, o sea la que no tenía Freddie, para darle una pequeña caricia -...que esa persona cuando está muy vieja ya pueda descansar de todos esos dolores y pueda estar en paz. - creía que había sido lo bastante clara compo para ue me entendiese sin tener que decirle "Bertie, tu abuela ha muierto". Volví a acariciar su manito con el dedo pulgar de la mia y esperé, con mis ojos en los suyos, a ver si había comprendido.
Pero me quedé de piedra cuando dijo lo de que había visto a su abuela. Su abuela estaba...muerta. Y si le había dicho adiós...¡Oh, por Salazar! Me cubrí la boca con las manos, pues me parecía una situación bastante fea. Por no decir horrible. Observé entonces como Freddie me miraba como buscando ayuda y me mordí el labio inferior con tal fuerza que estuvo a punto de abrirse un tajo.
Me descubrí la boca con la mino y caminé hasta donde estaba Bertie con la camilla y me arrodillé al lado de la misma y primero sonreí al chico.
-¿Cómo te sientes, Bert? ¿Te duele mucho?- pregunté primero, pues no iba a ir en plan de decirle todo de sopetón como si lo único que me preocupase era eso. Cuando me hubo respondido me aclaré la garganta y me pasé una mano por la nuca en un gesto de nerviosismo mientras tragaba saliva. Bien, y ahora a decirle. - Lo de la abuela pues...Bertie, sabes que a veces cuando la persona tiene mucha edad...no es muy fácil para la persona hacer todo, ¿no? Que le cuesta moverse o caminar, o tiene muchos dolores...- no sabía bien cual era el caso de la abuela de los Highmore, por lo que eché una mirada a Freddie por el rabillo del ojo para que me detuviera si estaba haciendo als cosas mal- Y a veces es mejor que...- tragué saliva y extendí mi mano a tocar la suya que tenía libre, o sea la que no tenía Freddie, para darle una pequeña caricia -...que esa persona cuando está muy vieja ya pueda descansar de todos esos dolores y pueda estar en paz. - creía que había sido lo bastante clara compo para ue me entendiese sin tener que decirle "Bertie, tu abuela ha muierto". Volví a acariciar su manito con el dedo pulgar de la mia y esperé, con mis ojos en los suyos, a ver si había comprendido.

Lucy L. Robinson- Elaboradora de Pociones
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Fecha de inscripción: 20/11/2010
Re: Hospital San Mungo
Bertie escuchaba atentamente todo lo que le decía de la abuela. Primero a Freddie, y luego escuchó a Lucy. Primero asintió con la cabeza anunciando que sí le dolía. La espalda sobre todo, y el cuello, pero luego siguió escuchando, y a medida que Lucy soltaba sus palabras, sus ojos se tornaron más brillosos, pues ya sabía lo que había pasado. La abuela había muerto. Se lo había dicho con otras palabras, pero Bertie tampoco era tan pequeño como para que le explicasen las cosas de forma Ligh. Era lo mismo que si la abeja se posa en la flor, recoge la semilla, y ya se sabe lo que sigue e_e Bertie había pasado esa etapa. Miró hacia un lado notando como Freddie y Lucy le cogían la mano, pero casi ni se percató de ello.
- Ya lo sabía... -murmuró-. La vi de lejos. Me decía adiós, y... justo ahí me desperté -terminó de decir lentamente.
- Ya lo sabía... -murmuró-. La vi de lejos. Me decía adiós, y... justo ahí me desperté -terminó de decir lentamente.
Bertie N. Highmore- Alumno de 4º
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Fecha de inscripción: 21/11/2010
Edad: 15
Localización: Soy un Dios perdido por el mundo. A saber donde puedo estar hoy...
Re: Hospital San Mungo
A medida que Lucy hablaba, yo miraba a Bertie. Aun no podía creer que la abuela hubiese muerto. Ni siquiera me había dado tiempo de asimilarlo cuando ya se lo estábamos diciendo a Bertie. O.o No obstante, cuando Bertie dijo que lo sabía, alcé una ceja. Muy intuitivo el niño.
- Ya... -murmuré mientras agachaba la mirada aun agarrandole la mano. Luego alcé la vista y le acaricié el pelo-. Me alegro que estés despierto, pequeño extraterrestre -y le sonreí levemente. Me levanté de su vera y miré a Lucy-. Creo que Bertie necesita un batido de chocolate, Lu. Si me acompañas a la cafetería tal vez te invite a tí también a una tarta de que... A un helado
-miré a Bertie y le sonreí-. Ni se te ocurra dormirte. Volvemos enseguida -y tanto. Bertie había sido fuerte, por lo que se merecía más que un batido de chocolate. Ahora solo era cuestión de tiempo que comenzara a recordar. Si es que no lo estaba haciendo ya. Me acerqué a Lucy y le cogí la mano-. Muchas gracias, en serio -le dije muy bajito para que Bertie no lo escuchara-. No sabría que hubiera hecho sin tí -me refería obviamente al tema de Bertie. Si Lucy no hubiera estado, me hubiera desmoronado nada más llegar al hospital. Me quedé mirándola a los ojos hasta que me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla. Le sonreí y le señalé la puerta-. Te invito a un helado. Y no acepto ningún "no" por respuesta.
- Ya... -murmuré mientras agachaba la mirada aun agarrandole la mano. Luego alcé la vista y le acaricié el pelo-. Me alegro que estés despierto, pequeño extraterrestre -y le sonreí levemente. Me levanté de su vera y miré a Lucy-. Creo que Bertie necesita un batido de chocolate, Lu. Si me acompañas a la cafetería tal vez te invite a tí también a una tarta de que... A un helado

Freddie T. Highmore- Sanador
- Mensajes: 107
Fecha de inscripción: 25/11/2010
Edad: 29
Localización: En algún lugar del universo
Re: Hospital San Mungo
Aquel día yo estaba para andar haciendo esfuerzos subnormales para varias cosas, una de las cuales era, ahora, no llenarme los ojos de l´ñagrimas al ver como los ojitos de Bertie se cristalizaban también. Y encima con lo que decía de que la abuela le había dicho adiós...solo pude darle un apretón pequeño en la manito y luego soltarla esbozando una media sonrisa a ver si eso servía de algo.
Escuché como Freddie se dirigía entonces a su hermano y me reí un poco al verle despeinarle el cabello con energía renovada. Interiormente me permití un suspiro de alivio, puesto que, sin duda, estaba volviendo a ser el de siempre. Menos mal, que a mi me gustaba mi amigo feliz y no quería verlo así de triste y/o culpándose del accidente de su hermano. Asentí cuando dijo aquello del batido y miré a Bertie con una mirada un tanto altiva.
-¿Tu crees? Nah, yo creo que no se lo merece- y le guiñé un ojo al chico para dejarle claro que hablaba en broma. No necesité hacerle ninguna seña de eso a Fredd, que ya me conocía mucho mejor y sabía que no estaba hablando en serio. Sonreí con lo del helado, puesto que la verdad tenía mucha hambre
Y me puse de pie para luego alisarme un poco la chaqueta, que había quedado mal estirada y luego sentí la mano de Freddie tomar la mía y sonreí.
-Para eso están los amigos.- correspondí a su beso en la mejilla agregándole un abrazo corto luego de eso y me sequé la última lágrima que había quedado en mi rostro, mas luego reí por lo de que no iba a aceptar un no por respuesta.-Menos mal, porque no iba a negarlo. ¡Tengo hambre! - exclamé. Y la cosa es que hablaba totalmente en serio. Si es que los nervios hacían que uno se olvidara del hambre por completo...
Y sin más, tiré de Freddie fuera de la habitación de Bertie para ir a comer algo a al cafetería. Una vez fuera, vi como una lechuza de color crema de acercaba hasta mi posición y dejaba caer un trozo de pergamino a mis pies. Uy, a quien sea que había enviado la lechuza, lo iban a comer vivo, seguro. ¡Meter una lechuza a San Mungo! Me agaché a recoger el pergamino y lo abrí soltando la mano de Freddie. Recorrieron mis ojos rápidamente la caligrafía de Ankiné y se llenaron éstos de lágrimas...
Lágrimas diferentes. De felicidad y no de tristeza, pues mi padre estaba vivo y caminaba. ¡Caminaba! La carta ponía que se había puesto de pie de un momento a otro, aparentemente como con energía renovada. A recitar los nombres de todas las personas de la casa. Recordaba ya a mi madre, a mi hermana, a Connor,a mi...nos recordaba a todos. Al parecer el hecho de agregar una sobredosis de judías soporíferas había tenido sus frutos ayer a la noche. Sin poder contenerlo más me limpié todas las lágrimas de la cara y arrugué el papel con fuerza mientras una enorme sonrisa se extendía por mi rostro. Miré a Freddie con el rostro iluminado.
-Se salvó-dije primero en un susurro-Mi padre se salvó, Fredd- y le rodeé el cuello con los brazos para darle un abrazo. Al final resultaba que casi todo había salido de buena manera. La pega venía a ser la muerte de la abuela de Freddie, cosa que no se podía pasar por alto. Pero así como yo le habñia dicho a Bertie, seguro que ella ahora estaba con un descanso merecido luego de tantos años de árduo trabajo. Lo mismo que le había dicho a Connor cuando, dos años atrás, había fallecido nuestro abuelo. Me separé de Freddie con lso ojso brillosos y miré a los suyos unos cuantos segundos antes de seguir tirando de él hasta la cafetería.
La vida seguía. Y para recordarnos eso estaban siempre los amigos. Uno podía tener desilusiones de tipo familiar, amorosas, o lo que fuera, pero lso amigos siempre estarían ahí para apoyarle. Para darle a uno las fuerzas de sobrevivir. Porque lo que uno necesitaba para sobrevivir no era el sentimietno de una relación más allá de la amistad. Se necesitaba esa sonrisa de confianza y aliento en los rostros de algunos cuantos de un grupo selecto que acompañaba a uno de por vida. La promesa de que la vida puede continuar por muy dolorosas que fueran nuesttas pérdidas. Que puede volver a ser buena.
Y eso es algo que solo los amigos pueden dar.
Escuché como Freddie se dirigía entonces a su hermano y me reí un poco al verle despeinarle el cabello con energía renovada. Interiormente me permití un suspiro de alivio, puesto que, sin duda, estaba volviendo a ser el de siempre. Menos mal, que a mi me gustaba mi amigo feliz y no quería verlo así de triste y/o culpándose del accidente de su hermano. Asentí cuando dijo aquello del batido y miré a Bertie con una mirada un tanto altiva.
-¿Tu crees? Nah, yo creo que no se lo merece- y le guiñé un ojo al chico para dejarle claro que hablaba en broma. No necesité hacerle ninguna seña de eso a Fredd, que ya me conocía mucho mejor y sabía que no estaba hablando en serio. Sonreí con lo del helado, puesto que la verdad tenía mucha hambre
-Para eso están los amigos.- correspondí a su beso en la mejilla agregándole un abrazo corto luego de eso y me sequé la última lágrima que había quedado en mi rostro, mas luego reí por lo de que no iba a aceptar un no por respuesta.-Menos mal, porque no iba a negarlo. ¡Tengo hambre! - exclamé. Y la cosa es que hablaba totalmente en serio. Si es que los nervios hacían que uno se olvidara del hambre por completo...
Y sin más, tiré de Freddie fuera de la habitación de Bertie para ir a comer algo a al cafetería. Una vez fuera, vi como una lechuza de color crema de acercaba hasta mi posición y dejaba caer un trozo de pergamino a mis pies. Uy, a quien sea que había enviado la lechuza, lo iban a comer vivo, seguro. ¡Meter una lechuza a San Mungo! Me agaché a recoger el pergamino y lo abrí soltando la mano de Freddie. Recorrieron mis ojos rápidamente la caligrafía de Ankiné y se llenaron éstos de lágrimas...
Lágrimas diferentes. De felicidad y no de tristeza, pues mi padre estaba vivo y caminaba. ¡Caminaba! La carta ponía que se había puesto de pie de un momento a otro, aparentemente como con energía renovada. A recitar los nombres de todas las personas de la casa. Recordaba ya a mi madre, a mi hermana, a Connor,a mi...nos recordaba a todos. Al parecer el hecho de agregar una sobredosis de judías soporíferas había tenido sus frutos ayer a la noche. Sin poder contenerlo más me limpié todas las lágrimas de la cara y arrugué el papel con fuerza mientras una enorme sonrisa se extendía por mi rostro. Miré a Freddie con el rostro iluminado.
-Se salvó-dije primero en un susurro-Mi padre se salvó, Fredd- y le rodeé el cuello con los brazos para darle un abrazo. Al final resultaba que casi todo había salido de buena manera. La pega venía a ser la muerte de la abuela de Freddie, cosa que no se podía pasar por alto. Pero así como yo le habñia dicho a Bertie, seguro que ella ahora estaba con un descanso merecido luego de tantos años de árduo trabajo. Lo mismo que le había dicho a Connor cuando, dos años atrás, había fallecido nuestro abuelo. Me separé de Freddie con lso ojso brillosos y miré a los suyos unos cuantos segundos antes de seguir tirando de él hasta la cafetería.
La vida seguía. Y para recordarnos eso estaban siempre los amigos. Uno podía tener desilusiones de tipo familiar, amorosas, o lo que fuera, pero lso amigos siempre estarían ahí para apoyarle. Para darle a uno las fuerzas de sobrevivir. Porque lo que uno necesitaba para sobrevivir no era el sentimietno de una relación más allá de la amistad. Se necesitaba esa sonrisa de confianza y aliento en los rostros de algunos cuantos de un grupo selecto que acompañaba a uno de por vida. La promesa de que la vida puede continuar por muy dolorosas que fueran nuesttas pérdidas. Que puede volver a ser buena.
Y eso es algo que solo los amigos pueden dar.

Lucy L. Robinson- Elaboradora de Pociones
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